Desde los años cincuenta, esta coctelería de corte clásico convoca, en su soleada terraza de inmejorable situación, a la burguesía barcelonesa. Trajes y corbatas, maletines de piel y zapatos relucientes describen a los clientes habituales que se desplazan hasta Francesc Macià para disfrutar de un buen aperitivo, Dry Martini incluido, y de pasada a cerrar negocios millonarios.

Av. Pau Casals, 10